Infinidad de hombres y mujeres he conocido y tanto unos como otras tienen la curiosa característica de quejarse del sexo opuesto. Y sin embargo, después de lloriqueos, calificativos que descalifican, culpas demonizadas y autocompasiones ridículas, terminan por demostrar a todas luces y sin un ápice de vergüenza (probablemente porque no son capaces de procesar semejante información) cuán incoherente puede ser su actuar en comparación con su excelso drama previo.